Reflexiones sobre el final en un día cualquiera
En realidad no es que tenga miedo a la muerte. He pasado billones y billones y billones y billones y billones de años en ese mismo estado de absoluta nada hasta que un día salí de la barriga de mi madre, y la verdad es que no recuerdo nada anterior a eso. No es miedo, no, igual inquietud. Y lo que realmente me inquieta (que no preocupa) es la incertidumbre que lleva consigo todo ello. No me refiero con "incertidumbre" a si eso me ocurrirá con 39, 56 ó 78 años, ni a la citada Nada que me voy a encontrar. Ni siquiera a si me sucederá cayendo de la bici, por un asesinato o como causa de tal o cual enfermedad o infarto. Es una incertidumbre (digamos que) difícil de definir, parecida a un "qué dirán" a mis espaldas pero sin las connotaciones de un cotilleo. Como si me sintiera observado por alguna ley desconocida del universo que produce en mi mente preguntas tipo: ¿Estarán fabricando en este preciso momento, en ese taller, la cama en la que voy a morir? ¿Habré...