Foto: noticias.universia.es Poe y yo compartimos un amor: Annabel Lee. En su caso, aquella joven que los ángeles le robaron. En el mío, la grandísima pieza que nos dejó. De Edgar Allan Poe (1809-1849) se ha dicho todo. Aunque su nombre lo asociamos automáticamente en nuestro cerebro con la novela gótica y el cuento de terror, es también el padre de la actual novela detectivesca o un pionero de lo que se conoce hoy como la profesión en sí de escritor. Si tenéis la oportunidad, no dudéis en leer sobre su vida porque os apasionará, estoy seguro. En mi caso, llegué a descubrir a Poe y gran parte de su obra por motivos académicos, en la Universidad, y es algo que me marcó bastante en mis posteriores análisis de la literatura. Si cualquiera de sus relatos, o de su obra poética, es digno de mención, para mí, su obra culminante, la que creo que mejor le define, uno de mis ojitos derechos de la poesía de todos los tiempos, es su poema (publicado póstumamente, como no podía ser...
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