Integrando almas (en 100x60)
El día que me hice socio de este equipo no acudí a una bonita y recién estrenada sede con aspecto de centro comercial. Ni a una cuyas paredes estuvieran decoradas con logros deportivos y las típicas fotos de sus jugadores posando como matones cruzados de brazos mientras te miran penetrantemente vestidos con los colores del club. El día que me hice socio de este equipo fui a un semáforo. En aquel semáforo de aquella transitada avenida, vestido de faena y con una gorra roja, para que el sol del sur no hiera sus ojos negros, se encontraba Christian Loris vendiendo pañuelos a los conductores. El semáforo se pone verde y Christian les sonríe despidiéndose mientras resuenan los coches reiniciando su marcha. Entonces es cuando puede atenderme. Tras un cálido saludo y rellenar tres simples datos, me entrega orgulloso el carné de socio del equipo del que es delegado y segundo entrenador. Christian, un héroe que llegó a cruzar el estrecho en un barco de plástico, forma parte del Alma de Á...