En un reino junto al mar

Foto: noticias.universia.es
Poe y yo compartimos un amor: Annabel Lee. En su caso, aquella joven que los ángeles le robaron. En el mío, la grandísima pieza que nos dejó. 

De Edgar Allan Poe (1809-1849) se ha dicho todo. Aunque su nombre lo asociamos automáticamente en nuestro cerebro con la novela gótica y el cuento de terror, es también el padre de la actual novela detectivesca o un pionero de lo que se conoce hoy como la profesión en sí de escritor. Si tenéis la oportunidad, no dudéis en leer sobre su vida porque os apasionará, estoy seguro.

En mi caso, llegué a descubrir a Poe y gran parte de su obra por motivos académicos, en la Universidad, y es algo que me marcó bastante en mis posteriores análisis de la literatura. Si cualquiera de sus relatos, o de su obra poética, es digno de mención, para mí, su obra culminante, la que creo que mejor le define, uno de mis ojitos derechos de la poesía de todos los tiempos, es su poema (publicado póstumamente, como no podía ser de otra forma) "Annabel Lee".

Annabel Lee es un pedacito de belleza al alcance de muy pocos autores en el que, aunque pueda parecer algo infantil y simple en su primera lectura, encierra en sí mismo uno de los más elegantes poemas de amor jamás escritos en lengua inglesa.

El tema en sí es sencillo: el narrador nos habla de un amor de juventud, Annabel Lee, tan y tan grande, que los ángeles, por envidia, le roban para siempre; pero, a pesar de este infortunio, él sabe que ese amor pervivirá más allá de la muerte porque, aunque separados, sus almas están y estarán siempre juntas. Echadle un vistazo:


           It was many and many a year ago,
             In a kingdom by the sea,
          That a maiden there lived whom you may know
             By the name of Annabel Lee;
 5        And this maiden she lived with no other thought
             Than to love and be loved by me.

           I was a child and she was a child,
             In this kingdom by the sea,
          But we loved with a love that was more than love—
10           I and my Annabel Lee—
          With a love that the winged seraphs of Heaven
             Coveted her and me.

          And this was the reason that, long ago,
             In this kingdom by the sea,
15        A wind blew out of a cloud, chilling
             My beautiful Annabel Lee;
          So that her highborn kinsmen came
             And bore her away from me,
          To shut her up in a sepulchre
20           In this kingdom by the sea.

          The angels, not half so happy in Heaven,
             Went envying her and me—
          Yes!—that was the reason (as all men know,
             In this kingdom by the sea)
25        That the wind came out of the cloud by night,
             Chilling and killing my Annabel Lee.

          But our love it was stronger by far than the love
             Of those who were older than we—
             Of many far wiser than we—
30        And neither the angels in Heaven above
             Nor the demons down under the sea
          Can ever dissever my soul from the soul
             Of the beautiful Annabel Lee;

          For the moon never beams, without bringing me dreams
35           Of the beautiful Annabel Lee;
          And the stars never rise, but I feel the bright eyes
             Of the beautiful Annabel Lee;
          And so, all the night-tide, I lie down by the side
             Of my darling—my darling—my life and my bride,
40           In her sepulchre there by the sea—
             In her tomb by the sounding sea.


Aquí tenéis una traducción al español. No la pongo junto a la inglesa para que no perdáis la musicalidad de la versión original y para que ninguna traducción os "intoxique" lo que acabáis de leer.

Y aquí lo tenéis narrado. Una verdadera delicia.

Como veis, se trata de seis estrofas. Tres con seis versos, una con siete y dos con ocho, nada regular, y la música y la rima se asemejan a un lamento continuo (oidlo narrado y veréis) en el que, desde un punto de vista casi infantil (por su vocabulario), el autor desafía a los ángeles y a los demonios que robaron a su amada (se sugiere ligeramente el suicidio) gritándoles que su amor va más allá de todo lo conocido porque se aman más allá de lo físico. Pudieron separarles en cuerpo, pero aún siguen juntos en alma. No se trata de un simple amor de juventud, así que algo "tan insignificante" como la muerte no se va a interponer entre ellos.

Técnicamente, vemos una sucesión de anapestos (dos sílabas sin acentuar y una tercera que sí) que son los que dan ese tono de lamento al poema ("it was many and many a year ago" / "and the stars never rise but I feel the bright eyes"), y un reiterado uso de determinados sonidos, como el sonido /w/ (¿cuántas veces lo veis repetido en los versos 27-28-29?) y los sonidos nasales /m/ y /n/ (observad las seis primeras líneas). Estos anapestos y aliteraciones hacen que nos sumerjamos en la mente del autor, donde, de manera casi hipnótica, su vida se ha convertido en un continuo círculo de amor negado por causas ajenas.

Y ahí es cuando Poe te engancha, cuando te está contando esa historia en la que sientes que no puedes dejar a esa persona llorando  al lado de esa tumba junto al mar. Te ha contado su vida en un poema, en medio minuto, y no puedes dejarle abandonado así como así en su tristeza. 

Porque Annabel Lee no trata sobre la felicidad del amor. Al leerlo, os metéis de lleno en un mundo de noche, con acantilados, inmensas olas que rompen contra las rocas emitiendo ese característico rugido tan ensordecedor. Un océano oscuro y frío, como el mármol de la tumba de su amada. Con diabólicos ángeles y negros demonios en los alrededores de ese reino junto al mar. Goticismo en estado puro.

El ritmo del poema nace como un cuento ("Hace muchos muchos años") y va adquiriendo voz poco a poco en forma de elementos que van girando ese cuento a una historia un tanto tenebrosa (el viento helado que sopla de pronto) hasta acabar prácticamente en una historia de terror con esas súplicas de "my darling, my darling, my life and my bride".

Además, esa (de nuevo) suave aliteración al final del poema ("sounding sea"), en ese último verso, nos deja, pasada la tempestad de lo que acabamos de leer, frente a un acantilado mirando al mar en calma en un final totalmente abierto y presos de una soledad que hace eco en ese abismal paisaje. Un eco como el que representa el pensamiento de Annabel Lee, que habréis visto que se repite una y otra vez a lo largo del poema, como reverberando en su mente, como palabras de un conjuro que hubiera que decir una y otra vez para traerla de vuelta. 

Foto: lunanuevameyer.com
Os animamos a profundizar en el análisis literario de Annabel Lee, ya que tampoco queremos irnos por las ramas, pero, si os adentráis en él, veréis que todo tiene sentido en sí, que cada palabra es un mundo y, sin duda, entraréis casi sin quererlo en ese universo oscuro pero vital de Edgar Allan Poe.

Pero, antes de irnos, ¿quién era Annabel Lee? Pues, desgraciadamente, como suele suceder en estos casos, no hay nada claro. Algunos biógrafos coinciden en que Anabel Lee fue dedicado a su esposa Virginia, básicamente porque era a quien Poe amaba de niño, la única con la que se casó y también la única en morir. Otros críticos creen que Annabel Lee fue simplemente un oscuro invento de la imaginación de Poe. En cualquier caso, aprovechando la fama del autor, surgieron, sin mucho éxito, varias novietas de juventud de Poe reclamando para ellas el haber sido su inspiración. 

Y hablando de inspiración: Vladimir Nabokov (1899-1977) tomó de Annabel Lee su gran inspiración para crear "Lolita" (1955), un artefacto lingüístico al que profeso brutal admiración y que, si lo habéis leído, habréis comprobado la cantidad de conexiones que tiene con el poema de Poe, hasta el punto que Nabokov confesó que, en un principio, "Lolita" iba a tener como título "El Reino Junto al Mar".

¿Qué os parece Annabel Lee? ¿Y qué os parece Poe? ¿Conocéis o habéis leído alguna otra obra del genio de Boston? No dudéis en comentárnoslo un poquito más abajo en la sección de comentarios o en nuestras redes sociales. ¡Recordad que siempre respondemos!

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