Descubriendo(me) el mundo - vol. 1

Muchas veces, el generalizado espíritu capitalista nos hace querer más, desear lo que otro tiene o hace y, como siempre, no nos damos cuenta de lo que nosotros mismos tenemos o hacemos. 

Cuando vemos fotos de diferentes lugares del mundo, nos sentimos celosos de que otra persona haya ido a una playa paradisíaca o haya escalado una montaña desde la que hay unas vistas impresionantes. Pero, ¿es que nosotros no lo hemos hecho nunca? ¿No hemos estado en sitios increíbles? ¿No hemos viajado al lugar en el que siempre fue nuestro sueño poner nuestros pies? 

A menudo, carecer de unas buenas fotografías (porque no teníamos una buena cámara en el momento del viaje o porque, simplemente, no sabíamos cómo usarla correctamente) nos hace pensar que el sitio en el que estamos no es tan bonito como el que vemos en las fotos. Pero sólo necesitamos buscar el nombre de ese lugar en Internet para encontrar esos mismos rincones del mundo vistos desde otros ojos, pues no somos los únicos que hemos estado ahí.

Hoy os traigo una recopilación de imágenes de sitios en los que yo he estado y, tanto con mis propias fotos como con las de otras personas, os cuento que mis viajes son tan maravillosos como los de cualquier otra persona de la que alguna vez haya podido tener envidia.

En este caso, comparto con vosotros mis viajes fuera de España. En otro momento os contaré mis andaduras por mi propia tierra. 

Mi primer viaje al extranjero

La primera vez que salí de España fue para el viaje de fin de curso con el instituto. Tenía 14 años y nos íbamos a Francia. Imaginad la emoción de poder pisar París, todo un sueño para cualquier adolescente, y además con los compañeros de clase. 

Antes de llegar a la gran ciudad, pasamos por Poitiers, donde visitamos Futuroscope, un parque temático futurista que por aquel entonces parecía sacado de una película de ciencia-ficción.

También antes de ver París, visitamos el Château de Versailles y sus jardines. Tuvimos la mala suerte de que una de sus atracciones principales, la Galería de los Espejos, estaba cerrada en ese momento y no pudimos visitarla. Aún es algo que tengo pendiente. 


Y tras Versailles, por fin llegamos a la esperada París. Con 14 años no tenía ni idea de que iba a ser mi ciudad unos años después, que allí viviría las mejores aventuras de mi vida y que incluso conocería a Tiantian en una de sus calles más bonitas.


Pero por aquél momento sólo pensaba en ver la Torre Eiffel, montar en el Bateaux-mouches y pasar un día en Disneyland. ¡Pobre ignorante! 

Explorando la vida en Alemania

Mi segunda experiencia en el extranjero fue una visita a mi familia alemana. Tengo la suerte de contar con algunos familiares en un pueblo llamado Quickborn, cerca de Hamburgo, así que con 16 años me planté en Alemania a pasar cerca de un mes con ellos. 

De camino, conocí un pequeño trocito de Düsseldorf y, a la vuelta, también pasé por Hannover, Colonia, Frankfurt, Dijon, Lyon y Montpellier. Sí, la vuelta fue en autobús y sí, es un trayecto bastante agotador. 

Pero vamos a lo que vamos, mi visita a Hamburgo me hizo conocer una ciudad muy diferente a las que había visto antes y, aunque no me enteraba de nada porque no tengo ni idea de alemán, disfruté de la compañía de mis primos, que me enseñaron el centro y el puerto de esta gran ciudad. 


Mis tíos también tienen la suerte de tener un pequeño apartamento en uno de los lugares más encantadores que he visto en mi vida: Sankt-Peter Ording. Recuerdo quedar impresionada por una larguísima pasarela de madera (cerca de un kilómetro) que debes recorrer para llegar a la playa y más impresionada todavía porque había un horario de entrada y salida de la playa dependiendo de las mareas, pues cuando hay marea alta, hay partes de la playa en las que puedes quedarte atrapado completamente. No se me da muy bien explicar estos fenómenos naturales, mejor buscadlo en otro artículo. Yo os enseño esta fotografía y así os quedáis con la idea, más o menos, de que Sankt-Peter Ording es un lugar precioso.


Aparte de viajar, pasé mucho tiempo con mi familia y aprendí algunas palabras básicas (pan, queso, agua, gracias y por favor, lo necesario para no morir de hambre y que no te tomen por un maleducado) y hasta mi primo más pequeño me enseñó su colección de Extratosoma tiaratum, que me hizo pasar bastante miedo en aquel momento.

Los países pequeños también cuentan

En mi siguiente aventura como viajera, una amiga de clase y yo pasamos una semana entre el norte de España y el sur de Francia, visitando pueblos encantadores y probando su deliciosa gastronomía. En este viaje conocimos Andorra, uno de los países más pequeños de Europa. 

Nos relajamos y disfrutamos de un día de spa en Caldea tras haber caminado por Aigüestortes i Sant Maurici. 


Vale, lo admito, la foto es de Catalunya, no de Andorra, pero es que me impresionó tanto ver este paisaje que necesitaba compartirlo con vosotros. Está a un corto trayecto en coche de Andorra y, si visitáis este país, es obligatoria la ruta por el Parque Nacional

Además de Andorra, también visitamos Puigcerdà, Gerri de la Sal, Bagnères-de-Luchon, Sort y Vielha, entre otros pueblos preciosos de los Pirineos.

Poco después viajaba también a otro pequeño país, Ciudad del Vaticano. 


Es extraño decir que en una foto puedes sacar todo un país y que aún así puedas ver claramente a las personas que aparecen en ella, pero es así, pues Ciudad del Vaticano cuenta con una superficie inferior al medio kilómetro cuadrado. ¿Qué os parece? ¿Pequeño? Pues sí, se trata del país más pequeño del mundo. 

Il Tempietto y poco más

En el momento que visité Roma todavía no había investigado demasiado sobre su arquitectura (19 añitos, ¡pobre ignorante!). Había estudiado en el instituto, hacía tan solo unos meses, parte de su arte renacentista, así que lo que más ilusión me hacía era descubrir la Chiesa di San Pietro in Montorio de Bramante, más conocida como Il Tempietto


Una larga caminata me condujo a este precioso lugar, situado a tal altura que puedes ver la ciudad entera a tus pies. 

Obviamente, como cualquier turista en Roma, visité el Coliseo, la Plaza de España, el Trastevere y todos lo que consideraba una visita obligada. Pero, la verdad, me quedé con ganas de conocer esta ciudad más a fondo, y  con más razón ahora que he estudiado arquitectura romana, así que volveré. 

Gracias por acompañarme por este recorrido por mis primeros viajes. Si os ha gustado, estad atentos, habrá segunda parte y ¿quién sabe? ¡puede que tercera!

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