Una de superhéroes

Cuando el hecho de calzarte unas zapatillas, ponerte unas calzonas y salir a correr (llueva, haga viento, frío o calor) es tu momento de liberación, tu placer sin excusas, ya no eres uno de esos -tan de moda- runners. Ni siquiera se diría que sales a hacer deporte. Pasas a formar parte de la naturaleza. De esa lluvia, de ese viento, del frío y del calor. De acompasar tu respiración no sólo con tu movimiento, tu zancada, sino con el resto del mundo en el intercambio de oxígeno de todos los tiempos. Hay quien simplemente sale a correr y quien corre por salirse de sí mismo, más allá del último kilómetro, de la meta final, de la última frontera de tu pensamiento.

Es el caso de José Manuel Villalobos Gallardo (Cádiz, 1982), el auténtico correcaminos. Un superhéroe de carne y hueso, al menos en apariencia. Entre sus súper poderes se encuentran la fuerza inmensurable para desafiar empinadísimas montañas, retar a la noche más cerrada a través de caminos imposibles o enfrentarse incluso al mismísimo sol durante una lucha de senderos kilométricos. Hablan que una vez incluso se desafió a sí mismo. Y siempre salió victorioso. Jose forma parte de esa raza de seres humanos denominados ultramaratonianos, semidioses en prácticas que corren distancias superiores, y muy superiores, a los 42,195km. Por sus piernas han pasado ya hasta 12 ediciones de la famosa y temible prueba de los 101 kilómetros de Ronda, la brutal ultramaratón Transgrancanaria, de 125km., alguna que otra edición de la "Ultimate Trail Challenge" de Reino Unido, de 110km. y retos aún mayores, como correr siete ultramaratones en siete días para ir de Astorga (León) a Cáceres. La infinidad de medias maratones y carreras de 10 ó 15 kilómetros que ha protagonizado por toda la geografía española ni la nombramos. 


En Don Zorruno pensamos que Villa, como es conocido entre sus amigos, puede ser un ejemplo de voluntad, de mentalidad y de ganas de superarse para todos aquellos que viven en busca de retos o que creen que nunca correrán más de 10 kilómetros por ser ellos mismos. Actualmente en Inglaterra por motivos laborales, accedió amablemente a nuestra petición y quisimos compartir sus experiencias con todos vosotros a través de esta pequeña entrevista en la que comprobaremos que los superhéroes pueden ser también humanos, como tú y como yo:

Don Zorruno: ¿Cuándo te das cuenta de que correr es más que dar un par de carreras?
J.M. Villalobos: Pues fue cuando por primera vez, hice un entrenamiento de 35 kilómetros en los Pirineos a 1200 metros, sin preparación física ni equipamiento y caí desplomado y sin sentido. Fue en ese momento cuando empecé a cuidar todos los aspectos del entrenamiento.

DZ: ¿Cuándo fue tu primera carrera de más de 15 kilómetros?
JMV: Fue en el 2003, cuando un buen amigo me ofreció un dorsal que se había quedado libre, ¡una semana antes de la carrera! En esa carrera salté de los 10 kilómetros a los 101 de la ultramaratón organizada por la legión en Ronda (Málaga), sin ni siquiera tener experiencia en media o la maratón, y con una lesión en la espalda que había superado muy poco tiempo antes y que me dejó parado durante aproximadamente diez meses... Ni siquiera sabía o imaginaba que ese tipo de carreras existieran. Fue una gran sorpresa para mí acabarla.

DZ: ¿Por qué ultramaratones?
JMV: Resumiendo, porque dejas de preocuparte por aspectos más comunes en carreras cortas como el tiempo. Correr una ultra es encontrarte a ti mismo y superarte.

DZ: Sin entrenamiento no se pueden llegar a correr ni 10 kilómetros. ¿Cómo te planificas el entrenamiento personal?
JMV: He tenido varias etapas en las cuales he ido experimentando aquello que mejor me ha venido según qué momento. Tengo la suerte de que desde los 18 he estado cambiando mi residencia casi cada 24 meses, desde zonas de León, casi desérticas, a Canarias y sus kilómetros de playas, pasando por los Pirineos con sus dos estaciones bien diferenciadas, o Mallorca, y países como Italia, Holanda, Irlanda, o el norte de Inglaterra, los cuales me hacen ir modificando mi forma de entrenamiento, de modo que no tengo un plan específico, aunque suelo fijar algunas metas como 60 kilómetros a pie a la semana con un cierto desnivel y los intercalo con dos días de descanso o sesiones de gimnasio para los días que no me apetece pasarme horas bajo la lluvia o la nieve. Pero en general, además de los kilómetros de carrera, que suelo ir variando entre montaña y asfalto para no caer en la especialización, suelo introducir sesiones de bicicleta de carretera, una vez a la semana.

DZ: ¿Qué sientes al correr?
JMV: Me siento vivo.

DZ: Una persona promedio suele acabar exhausta tras diez kilómetros. Imagina si cuando termina de correr esa distancia le dices "ahora repite eso mismo once veces más" Se caería al suelo. Aparte del entrenamiento puramente físico, ¿cómo se entrena la mente?
JMV: Este es un tema que me gustaría decir que es personal. En mi caso entreno la mente corriendo en condiciones difíciles, justo cuando más cansado me encuentro, o haciendo tiradas nocturnas, con sesiones de ocho horas. Pero, dejando de lado la carretera o la montaña, suelo tener sesiones de relajación. Una pieza importante en las largas distancias es mantener el control de los estados de ánimo. 

DZ: ¿Cómo cuidas tu alimentación de normal?
JMV: ¡¡Mi gran asignatura pendiente!! Los que me conocen saben que no cuido en absoluto lo que como, no tengo alimentos prohibidos, ¡todo vale!

DZ: Entre entrenamiento y competición, ¿has pensado cuántos kilómetros puedes recorrer en 12 meses?
JMV: Este año correré cuatro ultras, lo que da una suma de 446 kilómetros, más una media de 50 kilómetros semanales, en condiciones ideales, dan para muchas zapatillas gastadas.

DZ: Con tantas aventuras, ¿cuáles han sido tu mejor momento (el de mayor éxtasis) y el peor?
JMV: Buenos momentos ha habido muchos en los últimos 13 años, que casi siempre coinciden con la llegada a la meta. Sentir el calor del público que te anima, incluso cuando llegas a altas horas de la madrugada, no tiene precio, pero de todas me quedaría con lo experimentado el primer año. En aquel momento cruzaba la meta llorando, en una mezcla de dolor y alegria a partes iguales y jurándome no volver a correr nunca en mi vida. Tambien me quedo con mi novena plaza en la general de la "Ultimate Trail Challenge", no he sentido más satisfacción en mi vida. El peor momento, en competicion, fue la frustración que sentí cuando iba en el top 10 y, por un error logístico, perdí 20 posiciones que no volví a recuperar. Fui culpándome toda la carrera por un fallo tan tonto como haberme olvidado de introducir el frontal en la maleta, tuve que esperar a que me lo trajeran.

DZ: ¿Nos puedes contar alguna anécdota divertida que tuviera lugar durante alguna competición?
JMV: Recuerdo una, precisamente durante la tercera edición de los 101km. de Ronda, donde, por alguna razón y contrario a lo que se debe hacer, estrené ropa interior ese mismo día, las cuales me regalaron unas rozaduras tremendas, de modo que, a mitad de carrera y en mitad de la pista, sin un lugar donde esconderse y rezando para que nadie pasase, me tuve que quitar la ropa interior, con los nervios de que alguien pasara por allí y, entonces, del cansancio, me trastabillé y caí como dios me trajo al mundo de cintura para abajo. Me recompuse tras levantarme lentamente, magullado, y me coloqué las mallas largas nuevamente como pude. El resto de la carrera fue un ejercicio de recuperar la dignidad perdida. 

DZ: ¿Cómo se duerme la noche anterior a correr una ultramaratón?
JMV: Se duerme dos días antes, la noche previa es casi imposible conciliar el sueño: miles de dudas y un sentimiento de culpa por no haber entrenado lo suficiente se te hace eco toda la noche. 

DZ: ¿Qué se siente cuando cruzas una línea de meta después de 120 o más kilómetros?
JMV: Se siente euforia. Por un momento se olvida todo lo sufrido por el camino, pero luego llega la realidad, y cada kilómetro se hace patente en cada punto del cuerpo.

DZ: Hay personas que hay días que no bajan ni la escalera de su casa, pero hubo días en los que corrías un par de maratones cada jornada, ¿no?
JMV: En realidad llegue a correr 7 ultras en 7 días sin descanso, con etapas de 70 kilómetros. Aquello fue una locura que espero volver a repetir, si es posible, este próximo verano.


DZ: Madrugón por la mañana, la tensión de la salida, kilómetros, kilómetros, kilómetros y más kilómetros de tierra, piedra, arena bajo un sol abrasador o el frío más extremo y tus piernas y tu corazón sufriendo como nunca para llegar reventado a meta después de 15 horas destrozando tu cuerpo zancada a zancada. Y llegas a casa. ¿Qué es lo que haces?
JMV: Uuuf, es difícil contestar... pero normalmente observo mi tiempo de recuperación, que es una señal de que mi entrenamiento previo a la prueba ha sido suficiente. Pero lo que es seguro es que no quiero pensar ni hablar de la carrera en varios días. Mentalmente acabo agotado de toda la preparación, sobre todo si lo que intento es terminar en el top 20, de modo que mis días posteriores los dedico a descansar más lo mental que lo físico y una vez que me siento listo, ¡a preparar la siguiente!

DZ: Más allá de las ultramaratones, también has realizado varios viajes en bicicleta, ¿verdad?
JMV: Otra de mis pasiones, aunque no tanto, es la bicicleta. El año pasado me hice con una de carretera. Para mis viajes en bici usé una de montaña. El primer viaje fue la ruta francesa del Camino de Santiago, con una bici de tercera mano. Apenas me costó 5000 pesetas por aquel tiempo. 500 kilómetros de pura pesadilla de piezas oxidadas, con caida incluída. El segundo viaje fue Irún-París, con la compañía de un amigo que era una bestia a los pedales. Fueron alrededor de 1.100 kilómetros con una bici de montaña, de 26" y cubiertas también de montaña, lo cual hizo la experiencia algo más difícil. Tuve que ir aligerando peso y descartando aquello que no me iba sirviendo. Con una media de 150 kilómetros diarios, el tercer viaje fue de Bergamo a Catania, en Italia, con la subida a los volcanes del Vesubio y del Etna, en total algo más de 2.100 kilómetros en dos semanas, con una media de 150-160km. diarios. Fue espectacular cruzar la Toscana y ver la diferencia entre el norte y el sur de Italia. El cuarto fue por los diques de Holanda. 207 kilómetros en un solo día en una bici de montaña prestada el día anterior, en condiciones "mejorables". Y hubo un quinto, de Amsterdam a Brujas, el único intento fallido, ya que tuvimos que desistir el primer dia por las heladas. 

DZ: ¿Cuándo fue la última vez que tuviste agujetas?
JMV: En las piernas no recuerdo, pero en el tren superior precisamente hace unos días, tras una larga sesión de gimnasio. 

DZ: Eres consciente de que no hay constancia sobre que Superman, Batman, Hulk u otros superhéroes corrieran nunca la mitad que tú?
JMV: Si obviamos Flash, podría ser, ¿pero para qué quieres correr si puedes volar o teletransportarte? Yo lo haria. 

DZ: ¿Cuáles van a ser tus próximas locuras?
JMV: Quiero subir el kilometraje de las ultra, posiblemente la carrera llamada "El Día de los Gigantes", en Francia, que si no recuerdo mal son 330 kilómetros. Podria ser una opción que quisiera intentar.

DZ: ¿Qué le dirías a quienes se plantean retos como los tuyos?
JMV: Sobre todo que disfruten corriendo, que no se marquen tiempos. Si te apasiona, los resultados llegarán solos, pero haz tuyo/a la lluvia, el calor, la noche, la soledad... y un largo etcétera que te harán sentir vivo y mejor persona.

DZ: ¿Y a tu hijo adolescente si lo vieras todo el día flojeando en el sofá?
JMV: ¿Sofá en casa?

DZ: ¿Un saludo a los lectores de Don Zorruno?
JMV: Pues espero haber encendido esa chispa que todos necesitamos para empezar en este mundillo de locos, y recordad que el último tiene el mismo reconocimiento que el primero. 

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